Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

El cronógrafo de Paulov

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_______Sucedió en aquel pueblo algo inaudito: el consejo municipal dispuso una normativa para la construcción de un cementerio para los relojes. Así, cada ciudadano debía decidir, en un día significado o insignificante, a una hora precisa o en un instante aleatorio, dar sepultura a su reloj, ya fuese éste de muñeca, de pared, un despertador a cuerda o un moderno cronógrafo. Incluso los más avezados en las tecnologías, dedicaban su último adiós y enterraban con más o menos ceremonia su dispositivo móvil, ya que este incluía un mecanismo de reloj, o inhumaban sus aparatos de televisión por no soportar que los informativos les informaran de la hora exacta.

_______Los habitantes de ese pueblo, llamémosle el pueblo sin tiempo, a partir del momento en que se desprendían del automatismo de su tiempo medido y controlado, se centraban en hacer lo que tenían que hacer durante el lapso necesario, sin demoras ni premuras, dedicando al asueto, al amor, a las pasiones, o al puro entusiasmo y divertimento, el resto del día y de la noche y del mes y del año y de la vida. No fueron pocos los que criticaron tal medida —¿cómo se iba a controlar la jornada laboral, la apertura de los comercios, la señalación de los compromisos o el calendario de las ejecuciones?—, pero poco a poco se fueron sumando a la iniciativa, al comprobar las ventajas de tener el tiempo como valor, en lugar del objeto medidor del tiempo —ya fuese el oro o la moneda que lo compraba o la propia joya que lo medía— como patrón.

_______Superada una etapa inicial de caos y desconcierto, si es que acaso se pudo constatar la duración de esa etapa, el pueblo entró en una especie de edad dorada, si es que se pudo constatar la duración de esa edad, en la que, contra todo pronóstico, cada ciudadano se ocupó estrictamente de su apetencia, en el momento que eso ocurría, y durante no más de lo necesario. Este hecho, como pueden imaginar, generó grandes excedentes de tiempo que alarmaron al instante a los gobernantes estatales, quienes decidieron, a toda prisa y sin demora, sitiar el pueblo en cuestión con tropas y artilugios militares, cortando todas las vías de comunicación y suministros. Sus ministros hicieron altisonantes declaraciones justificando la premura de la medida por la gravedad de la urgencia. Sin embargo, la vida en el pueblo siguió —permaneció— suspendida en un no tiempo de sonrisas y plácidos atardeceres.

_______Los organismos internacionales, tras interminables cumbres y prolongadas reuniones multilaterales decidieron no prolongar más aquella terrible situación, y llegaron a la conclusión de que una intervención rápida de un pequeño comando pondría fin al problema temporal. Así, un grupo de avezados miembros de las fuerzas especiales sincronizaron sus relojes y se internaron a la hora acordada por los diferentes accesos del pueblo: accedieron sin oposición a la plaza mayor, tomaron el campanario de la iglesia y, en el momento preciso tañeron la campana, la cual vibró indecisa tras tantos días de inactividad. El oficial al mando comunicó por radio el éxito de la misión tras escuchar a un paisano que corría por la plaza gritando:

_______—¡Llego tarde!

_______Las excavadoras entraron en ese momento para derruir el cementerio de relojes. Un nuevo centro comercial sería edificado sobre ese terreno.

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Esta entrada fue publicada el marzo 15, 2014 por en vivir de un cuento (relato).
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