Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

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Tienen su propia evolución,
las heridas,
una historia concreta que contar,
un codigo morse de líneas y puntos,
o un verso en braille de relieve ciego.
Explican, en sus diferentes
estados de tumefacción,
la distancia y el tiempo,
la hondura,
tal vez el color del arma empleada.
Otras veces la herida se parece
a la reproducción,
a escala,
de una cordillera escarpada
con sus cumbres acariciadas por dedos
—no por nubes—, que recuerdan y leen
y memorizan y reviven el daño
y el óxido.
La cartografía de una cicatriz es,
a pesar de todo,
tramposa:
como los icebergs, nunca muestra
que nueve décimas partes
del dolor
se ocultan bajo la superficie
de la piel.
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Esta entrada fue publicada el enero 5, 2015 por en de ese arte (cuaderno de invierno).
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