Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

Diario

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Despertar.
Tropezarme con esa lámpara que inventaste.
Irme sin hacer ruido, dejándote
en la clavícula el más dulce de los besos
que mis labios puedan conjurar.
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Esperar que la playa
esté en calma esta mañana. Encender
las luces del coche. Apagar
las de mi alma. Esperar a que me llueva
a mí solo. Por no molestar.
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Lavarle la cara
a la madrugada. Ahorcar la  semana
con una cuerda de guitarra. Ensayar
el gesto de salvarme en tu cadera. Sonreírle
a la desesperanza. Lamerle la sal
a la esquina de la tarde. Beber un poco
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de agua. Sudar
un mucho de suerte. Empequeñecerme.
Engrandecer mi mala niebla y mi  buena
fortuna. Alimentar al pájaro que vive
encerrado en la jaula de mis costillas.
Abrirle la puerta.
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Desnudarme
del miedo. Levantar las mareas
con mis manos. Hacer temblar la tierra
con las suelas de mis zapatos. Escribir,
de una puta vez, esa historia que me debo.
O no hacerlo.
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O no hacerlo
muchas veces. Ser uno con el paisaje.
Ser nadie con el abismo. Pasear la sombra.
Pasear la sombra de los años, de los daños,
de los desengaños, de los días extraños.
Pasear mi tamaño.
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Volver. Envolverme
en tu humo y en tus palabras.
Reir un rato, hacer un trato, cocinar
lo inmediato, ahuyentar a todo fantasma
que parezca sensato. Cantar «si te vas»
aunque suene barato.
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Volver. Siempre. Volver.
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Esta entrada fue publicada el julio 30, 2024 por en Uncategorized.
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