—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".
Escribir otra vez.
Escribir para revivir el denuedo
que ya no vive si no es escrito. Escribir
por la fortuna de escribirme, de respirarme.
Escribir asomado a un balcón y a un abismo,
escrbirile a la sal en la piel, y al eclipse
que ya no se muestra. Escribir
como si fuera cosa nuestra. Sin pensar:
escribir. Casi sin sentirlo en las manos, casi
sin tenerlo en los pulmones, ni en el desaliento
o en sus talones. Escribir lento, escribir
a toda velocidad. Escribirse desde dentro.
No dejar de escribirle a la lluvia y al fuego,
a la lágrima y a la pesadilla. Escribir
por y para la casualidad.
Describir lo escrito
como si no nos fuera la vida en ello. Como si fuera
un desierto minúsculo y hueco. Como si fuera
no fuera más que un adentro resfriado.
Escribir dormido para escribir el latido,
el ladrido de un perro con la cola hacia arriba.
Escribirle a la vida
para acribillarla a abrazos,
para cocinarle un enjambre de agujeros de bala.
Escribirle a la grieta y a la herida
para que la luz entre, para que se vea de frente
lo que nos queda de muerte. Escribir.
Escribir. Volver a escribir. Con calma.
Escribir ese orden, esa habitación
y ese fantasma. Escribir la gestión
de la documentación
y del alma
