Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

Denuedo, de nuevo




Escribir otra vez.
Escribir para revivir el denuedo
que ya no vive si no es escrito. Escribir
por la fortuna de escribirme, de respirarme.
Escribir asomado a un balcón y a un abismo,
escrbirile a la sal en la piel, y al eclipse
que ya no se muestra. Escribir
como si fuera cosa nuestra. Sin pensar:
escribir. Casi sin sentirlo en las manos, casi
sin tenerlo en los pulmones, ni en el desaliento
o en sus talones. Escribir lento, escribir
a toda velocidad. Escribirse desde dentro.
No dejar de escribirle a la lluvia y al fuego,
a la lágrima y a la pesadilla. Escribir
por y para la casualidad.
Describir lo escrito
como si no nos fuera la vida en ello. Como si fuera
un desierto minúsculo y hueco. Como si fuera
no fuera más que un adentro resfriado.
Escribir dormido para escribir el latido,
el ladrido de un perro con la cola hacia arriba.
Escribirle a la vida
para acribillarla a abrazos,
para cocinarle un enjambre de agujeros de bala.
Escribirle a la grieta y a la herida
para que la luz entre, para que se vea de frente
lo que nos queda de muerte. Escribir.
Escribir. Volver a escribir. Con calma.
Escribir ese orden, esa habitación
y ese fantasma. Escribir la gestión
de la documentación
y del alma

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Esta entrada fue publicada el septiembre 15, 2025 por en Uncategorized.
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