—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".
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Casi seguro
que seré un viejo más o menos guapo.
Eso creo: no perderé mucho más pelo,
intentaré no volver a desbordarme.
Nada prometo.
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Pasearé vestido con un chándal, o algo así.
Sostendré una bolsa, manos a la espalda,
de plástico verde, con algo en su interior.
Los escaparates estarán a oscuras
—excepto los de las cafeterías— y me veré
en el reflejo de esos cristales.
Será domingo por la mañana,
mis hijos hará unos días que no llaman
y habrá más hojas en el suelo que en los árboles.
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Casi seguro
que me dolerán un poco las rodillas
y me cruzaré con gente con prisa.
Yo no tendré: no hay que apresurarse
cuando a uno le queda poco.
Pero tendré mi bolsa de plástico verde,
guardando todos los poemas pendientes.
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Será domingo por la mañana, temprano,
y habrá un brillo vencido de otoño que agoniza,
de ramas que crujen, de vahos que se asoman
anudados a las gargantas.
Te echaré de menos mientras paseo
como si fuera una constante,
una sentencia amable, una tautología.
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Volveré a casa, casi seguro,
ese domingo por la mañana temprano,
a detallarle mis averías a la libreta,
a la nevera, a la guitarra
–no necesariamente por ese orden–.
Me sentaré a leer junto a la puerta.
O a no leer, o a inventariarme latidos
y respiraciones, o a maldecir
mi vocación de reloj de arena. Sonreiré,
o eso creo, casi seguro, como si mi pecho
aún guardara algún domingo por la mañana.
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