Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

des-esperar…

Os contaré algo…

Estoy sentado, esta noche,

como cualquier otra noche,

delante de un vaso.

Ni siquiera pienso en lo que siempre pienso

-ya sabes, mis manos, tu espalda, adiós, duele, amargo, da igual…-,

pero de repente el hielo del vaso cruje.

Y no me refiero al tintineo entusiasta de frío y cristal,

sinó al estallido seco, breve, obsceno y resuelto,

que resquebraja, parte, y separa .

Me sorprende, fugaz como el crujido,

la certeza de no haber oído antes ese ruido.

No tan cerca.

No tan claro.

Me asalta, tenaz, como tu olvido,

la convicción que es la soledad el amplificador.

Hasta que los oídos

sangran, des esperan.

Arroparé a tu sombra como cada noche,

para que me proteja de todos los demonios.

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Esta entrada fue publicada el mayo 11, 2011 por en La maniobra de Heimlich (poesía), Uncategorized.
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