Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

todo empieza


 

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Todo empieza por abrir la libreta
—siempre la misma, hasta estar
ahíta de caligrafías ebrias,
de jeroglíficos ígneos, ignotos—,
y tomar luego cualquier cosa
que escriba: un lápiz zurdo,
un bolígrafo mudo, una sangre,
un gemido, un sudor, un arañazo.

Enseguida viene el temor fundado
de haberlo dicho todo, de haber
recorrido mil veces las mismas veredas,
de haber exprimido las horas
obteniendo siempre el zumo agrio
y denso, insípido, el placebo
de creer no haber dicho nunca nada.

Luego la mano hace su trabajo:
se traba, se crispa,
mira al horizonte,
se ríe de mí en mi puta cara,
se torna puño, lo alza, me amenaza.
Salta líneas, mi mano,
y acaba exhausta. Corre a esconderse,
avergonzada, en cualquier bolsillo.

Después los ojos no saben
—mientras sobrevuelan la página
como aves de invierno—
reconocer las señales de humo
en el páramo nevado,
y se declaran incapaces
de seguirte el rastro
por el azúcar helado de tu silencio.

_

000nieve

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Esta entrada fue publicada el enero 9, 2015 por en de ese arte (cuaderno de invierno).
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