—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".
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Nunca se debe iniciar un relato
con la imagen de alguien que despierta.
Pero vengo despertando, hoy, y lo escribo,
inoculado de un día cualquiera y posible.
Inmune, casi, a un otrora dulce y venenoso.
Como quien se quita del tabaco, de la prisa,
o de enmedio,
para no padecer de pasajes enquistados,
para no sucumbir a las embolias del olvido,
ni volverme adicto a dolores necesarios,
toxicómano de placebos y espejismos,
enganchado a relojes atascados
con arena del desierto,
o con la sal del océano y de la lágrima.
Despierto hoy y te cuento que despierto
—más allá de técnicas narrativas—,
y te explico de lo cierto de mis manos,
de lo hondo de mis pasos, de lo terco
de mis versos, y te hablo
de lo afable de mis balas,
de lo confortable de su recámara,
de la docilidad de mi gatillo,
y de la solidez
de todas mis incertidumbres.
Despierto y te escribo
sobre mi enconada voluntad
de enfermar de mañana.
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