Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

pecios

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La Vinyeta, Terrassa, 11/04/2015

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Todos tenemos naufragios
y pecios,
excepto los que saben saltar
a tiempo, fuera del barco.

Las ratas, las sirenas,
los desertores,
y los que aprietan el paso
y pisan a quien sea.
En su huída.

Todos tenemos tablones
con más o menos asideros.
Restos de la nave que descansa
muchos metros
bajo nuestros pies de agua.

Cambiar oxígeno
por agua salada
en nuestros pulmones
es una condición previa
a la aceptación
de la caricia submarina,
y del cese
de la acumulación
de barcas varadas
en playas aleatorias.

Quien no haya abrazado
el palo mayor de un navío
en el epicentro del desastre,
hundiéndose a la par
que la cubierta,
restará toda su vida
condenado
a la boca abierta del pez
en la pecera minúscula.

Ven al naufragio.
Sé mi buque gemelo
en el fondo
de cualquier océano.

Hasta que te apetezca
respirar.
Hasta que nos convirtamos
en barco fantasma.

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Esta entrada fue publicada el abril 11, 2015 por en Lecciones de anatomía para suicidas inexpertos.
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