Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás. 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".


 

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__________________IV

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Para saber dónde estábamos
miraba las estrellas y el musgo
en la corteza de los árboles.

Para guiarse, anteponía
el imán de la brújula
y la humedad relativa del viento.

De joven, cerraba un ojo
y calculaba la proporción
con el extremo romo de un lápiz
—mordiendo su lengua, estirando
el brazo— para trasladarla al papel:

perspectiva manual y errónea
en la huella dactilar del pulgar,
escala aproximada y punto de fuga.

Luego, alguien venía a verificar
la similitud y la adaptación
del paisaje a la mano. Y viceversa.

A no ser que lloviera. A no ser
que todo estuviese ardiendo.
O que fuese una mañana de bruma.

Nadie puede cartografiar un líquido.
Ni el humo, ni la niebla.

Bueno, la niebla, sí.

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fog

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Esta entrada fue publicada el julio 5, 2016 por en Uncategorized.
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