Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

la frontera

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La peor de las fronteras
es la de los espejos
y la de la reflexión del silencio.

Súmalas las dos. Multiplícalas.

Construye en una lámina de cristal
un mundo inverso y mudo,
en el lado inexistente de la pared.

No es del todo extraño
sorprendernos a nosotros mismos
escudriñando los rincones del reflejo,
buscando monstruos escondidos,
o de los que esconderse.

Pocos tienen el valor
de mirarse directamente a los ojos
el tiempo suficiente
como para comprobar, en el iris contrario,
que tú eres el único monstruo.

Y solo algún elegido sincroniza
su puño con el de su sombra,
para incidir a la vez en el vidrio.
No te asustes, monstruo.
Él se queda con las grietas
y las astillas.
Tú con las heridas: si hay
suficiente sangre, en su brillo,
antes que coagule,
también encontrarás el reflejo
de tu monstruo.

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