Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

Anatomía de un abrazo

Una escala,

una maleta que rueda,

por las mismas calles

que pisamos tan juntos, en otro tiempo.

 

Algunas risas,

ella, sus amigos, y yo mismo, mirándonos

desde lo alto, como dicen que se ven

las cosas cuando uno ha muerto, sin otro tiempo.

 

Tres veces me miró,

diréctamente a los ojos.

En la tercera, a través de un espejo,

me pareció descubrir matices de otro tiempo.

 

Y, al final,

(otro final, harto, completo, repleto y colmado de finales), una sonrisa, una prisa,

un marcharme sin volver la cabeza, y un volver la cabeza para no marcharme,

justo después de:

 

Un abrazo

tan suave, leve, breve, que no

fue, ni suficiente ni nunca, ni en este

ni en otro tiempo.

Un abrazo, un segundo,

un instante, un momento,

un eterno fecundo,

una ausencia de tiempo.

 

Un abrazo, ni de este, ni de otro tiempo.

 

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Esta entrada fue publicada el marzo 10, 2011 por en La maniobra de Heimlich (poesía).
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