Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

La maniobra de Heimlich, a brazo partido

Dos días llevo atragantado. No, tres. Con una masa que se me antoja corpórea, sólida y firme, en la boca del estómago. Calculé que se trataría de un cuerpo extraño que tragué sin masticar las 22 veces de rigor, o tal vez un conjunto informe de argumentos sin claridad (caridad), sin razón, o, más allá, con una razón o discurso, tan superior a mi entendimiento, que no hicieron sinó acumularse en el conducto respiratorio.

Existe una técnica a tales efectos, descubierta por el doctor Henry Heimlich, allá por el 1974, la cual consiste, en su aplicación en adultos, en lo siguiente:

“Con el sujeto de pie se debe abrazar al mismo por la espalda con los dos brazos. En esta posición se presiona con una mano cerrada y la otra recubriendo la primera. Se debe apoyar el puño con el pulgar sobre el abdomen y presionar hacia el centro del estómago, justo por encima del ombligo y bajo las costillas de la persona.”

Si la teoría es cierta, efectuando esta técnica, la presión del abrazo debería conseguir eliminar la obstrucción de las vias respiratorias, la sensación de ahogo. El problema es que es imprescindible el concurso de algunos brazos, a parte de los propios, para llevar a cabo dicha maniobra. Intentar llevarla a cabo sobre uno mismo es una técnica incluso más difícil que poner la funda al nórdico, sin ayuda.

El pobre doctor Heimlich descubrió, él solito, que un abrazo es la mejor solución en cualquier circunstancia:

Menuda novedad!!!!

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Esta entrada fue publicada el marzo 8, 2011 por en apariciones (me pasó, o no...).
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