Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

síndrome de Munch

gritar

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nos estamos gritando
sin otro objeto aparente
que escucharnos
a nosotros mismos.

Nos apedreamos
solo por el placer
de comprobar en nuestras manos
el peso de las piedras.

Y por el eco del descalabro
en nuestras cabezas.

Tan sordos a nuestros aullidos
como orgullosos de nuestros ecos,
nos llenamos los bolsillos
de lastres y de recibos.

Los señuelos y destellos
nos empujan adelante.

Sigue gritando
para que no te oiga.
Para que mi grito vire
en acorde disonante
de tu voz, de tu garganta.

Nos acercaremos de espaldas
a todos los abismos,
a todos los horizontes,
clavando con furia los codos
en las costillas de las sombras

para que no se adelanten.

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Esta entrada fue publicada el diciembre 5, 2013 por en Como quien de eterno caer padece.
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