—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".
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Hay sombras que tienen fronteras
de alambre de espino,
con sus guardianes y sus aduanas.
Cuando las cruzas —un pie apenas—
resuena una voz en tu cabeza:
—¿Algo que declarar?
También hay zapatos que pisan andenes
y puertas herméticas y automáticas.
Y rastros que la luna deja
en un biquini naranja.
Hay un sudor real y otro recordado
como lágrimas escritas o inventadas,
como carcajadas en estallido,
o como manos que ayudan a cargar un coche,
como el portazo hueco del maletero.
Y alguna tormenta hay, en el camino,
aguacero bendito que te hunde las botas
en un barro de agua, tierra y mordisco.
Y el bochorno posterior que acude
cuando la nube negra muere
y el sol, tu sol, gana de nuevo.
Después, espero, hay regresos,
y brazos que se anudan de memoria,
y hambre de otoño duradero
después del verano del catorce.
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