—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".
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Por sobrepasar los dos tercios
—en el mejor de los casos—
y empezar a entender que todo pesa menos:
el vacío pesa menos, los objetos
que uno creía imprescindibles,
las anclas y los notarios,
lo que hayas escrito, o lo que quede
por escribir.
Ver que solo pesan más los quilos de más.
Y aún menos.
Por aprender que importa cada vez más
lo que siempre fue ligero: ese humo
que se escapa definitivamente
y te deja una caricia o una cicatriz,
una quemadura o un hematoma. Sonreír
por haber entendido eso, y desoír
el reproche de ser tan imbécil
de no comprenderlo hasta ahora.
Hasta hace muy poco.
Un acorde. Un abrazo en el borde
del precipicio del mundo. Un segundo
eterno en una piel erizada.
Un adjetivo clavado en la carne
del mar, o del fuego. Un gemido incrustado
en el alféizar de la memoria.
Un vaso tras otro, y las sonrisas
que los acompañan.
Los ojos de mis hijos
cada vez más cerca de los míos,
y los míos, cada vez lejos
y más desenfocados.
Por empezar, a mis dos tercios
—siendo muy optimista—,
a aligerar el peso, y el paso
para andar el último tramo
más liviano. Mejor.
A mí.
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