—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".
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La certeza de morir
debería ser
una oportunidad
para empezar
a decir tonterías,
profundas memeces.
O el momento inaugural
de la sencilla estupidez.
Apagar la luz podría
convertirse en excusa
para emular a los cajones
que aislan los objetos
que encierran, fosas comunes
para los calcetines.
Taparse los oídos
—dejando toda la música
y todas las palabras
dentro de la cabeza—
sería escribir
la partitura
disonante y perpetua
de la monofonía del solista.
Ni morir,
ni taparse los oídos,
ni siquiera apagar la luz.
Acaso dejar que el peso
de una pluma
venza el equilibrio.
O lo sostenga.
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