Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

aprender (des)

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Uno anhela aprender:
así aprende la noche,
la huella, la piedra.
Y la propia sombra
bajo el haz de luz.

Uno insiste en comprender.
Y comprende el vello
que se eriza, y el labio
que se cuartea
falto de espuma y de saliva.
Incluso, a veces, comprende
el latido y el extravío.

Pero nunca desaprende,
por muy curtido que esté,
el ruído seco de ese perder:
el chispazo inútil
de los imanes averiados,
el eco de las pisadas
que se alejan.

Aprende uno a prender
fuego a la leña del recuerdo,
y a calentarse las manos
en esa hoguera.
O debería.
Debería aprender a desprender
los miles de capas
que se adhieren,
tenaces, a la piel.
Que sedimentan,
que se alimentan,
de lo que uno aprendió
del silencio.

Aprenderte.

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aprender

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Esta entrada fue publicada el octubre 30, 2014 por en Tus pies descendiendo de los pedestales (poesía).
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