—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".
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TARDOR
Sóc ara en avingudes de Novembre
on tot es fa quiet i sembla caure
com desistint. La melangia llaura
camps de records però ja res no sembra.
JOAN VINYOLI. II de les hores retrobades, 1951
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Todos los otoños adolecen
de la desverguenza de la primavera.
Ofrecen, a cambio, el barro duradero,
y la piel de los cadáveres
de las hojas.
Con suerte la lluvia, el paso
hidráulico, y el río de paraguas
como glóbulos negros
por las arterias del crepúsculo.
Carecen, casi todos los otoños,
de tardes infinitas de soles
que nunca acaban de ponerse,
sobre terrazas que nunca se recogen,
pero nos sobornan con un instante
que concentra todos los grises
justo antes del negro veloz
y certero de la noche.
No envidia el otoño
ni siquiera al invierno
con sus espesas nubes de vaho
tirando de labios y de gargantas,
pues él nos brinda el cristal
empañado de la ventana, y la gota
que, eléctrica, resbala,
por el vidrio, o por la mejilla.
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