Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

escala Ritcher

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Esa mujer viaja en un coche de línea
por una carretera sordomuda.
La noche se bebe la luz de los faros
como si el amanecer se obcecara
en demorarse.
Ella desearía que el alba borrase
su reflejo en la ventanilla,
que lograse astillar el silencio
tenue y monocorde del zumbido
del motor.
Hiere, al fin, el cuchillo
de la madrugada el abdomen
de la tiniebla, a la vez
que el autocar se detiene y derrama
su contenido en una plaza clónica
y bivitelina.
Esa mujer desciende —apartando
un mechón de su cara, como quien
aparta la bruma de un manotazo—
y hunde el tacón de su bota
en el empedrado.
Ese golpe es el epicentro
de un terremoto de risa,
de un huracán de brazos,
que tiñe de colores
la mañana de asfalto.
Mientras, yo escribo ese temblor,
desde un tejado,
a medio mundo de altura.
_

escala

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Esta entrada fue publicada el diciembre 12, 2014 por en Tus pies descendiendo de los pedestales (poesía).
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