Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás. 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

siete


 

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La autopista, esta madrugada,
parecía deshabitada.
O tal vez solo podía ver
mis propias luces asimétricas.
La autopsia cotidiana
no reveló ninguna sorpresa,
tal y como si el día fuera
el mismo eterno y repetido:
respirar, bajarse de un salto
del sueño para soñar luego
que saltas a otra jornada gemela.
Seguir entonces,
como un faro costero,
alumbrando con los ojos,
acechando como una fiera
cualquier atisbo
de posibilidad, cualquier
mínima esperanza
de estremecimiento.
Suerte del frío de la mañana,
del vaho
y de los tiritones.
_

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Esta entrada fue publicada el enero 7, 2015 por en de ese arte (cuaderno de invierno).
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