—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".
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Tengo el tiempo a mi favor —no me importa que termine—,
el frío no me da miedo y el dolor asusta poco.
Me encontrarás en la calle, con mi luto riguroso,
guardando turno en la cola dónde dan el pasaporte
para viajar a tu estela, aunque sea en segunda clase.
Cuando llegué pediré un triste asilo político
en ese pedazo de sombra que se extiende, tiritando,
entre tu ombligo y mi pecho.
Ahí alzaré mi casa, con las pestañas abiertas,
con las ventanas cerradas. Y escribiré en las cortinas
la historia de tu desvelo. Sin metáforas ni rimas.
Pese a todo, es muy posible que me quede sin resuello,
y el oxígeno que resta lo contienen tus pulmones:
deposito mi esperanza en alguna transfusión,
aunque sea ocasional.
Mientras tanto, le pediré otra copa,
a ese camarero que no te quita ojo de encima
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