Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

salvo


 

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Nada salva al amante expulsado
que vela sus armas contemplando
una fotografía en su teléfono móvil.
Píxeles tiritando en las retinas digitales.

Nada reserva el futuro para el poeta
que arranca del barro con las manos
los versos de las últimas horas de la tarde.
Se cuartea al secarse en la piel y bajo las uñas.

No hay nada más allá del recodo del camino,
salvo el aliento del paso transitado,
la nube de polvo que explota en el zapato.
Miniatura de hongo atómico, de cataclísmo ínfimo.

Salvo el instante preciso en que se tensa
el músculo, y el tendón empuja y demanda
de cada gesto un aire nuevo, agua nueva, nueva sed.
Nada certero salvo este lugar inconcreto
que se ubica entre el segundo que huye
y el que se adivina delante.

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Esta entrada fue publicada el febrero 15, 2015 por en de ese arte (cuaderno de invierno).
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