Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás. 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

plúmbeo y obstinado

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Pasa un cielo extraño de tarde de junio.
Obsoleto, de tan plúmbeo. Inquietante,
de tan erizado.

Un cielo de esos
que a uno le vienen ganas
de soldar las manos a sus costuras,
de coser los labios a las esquinas
de sus labios.

Mientras los árboles achacan a las nubes
la ausencia de su sombra nítida y obstinada.
Mientras las muchachas dudan
entre tapar sus hombros o bailar desnudas
la danza de la lluvia.

A su vez, las aceras y las alcantarillas
oran su silencio hueco a la tormenta,
al armónico natural del trueno.
y los cristales ansían
sus vestidos de lunares transitorios.

Pasa un cielo extraño de una tarde de junio,
empecinado en recordarme
las otras estaciones del año,
y los otros andenes deshabitados,
vacíos como brazos o como desagües.

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Esta entrada fue publicada el junio 16, 2015 por en Lecciones de anatomía para suicidas inexpertos.
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