Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

XLV


 

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Imago mundi en la piel de un pescado,
las fuerzas opuestas en equilibrio
en la calavera descarnada de un ave,
y sistemas complejos suspendidos
en el vacío, sin hilo de nylon.

Mis hijos tienen una imitación de planetario,
un títere de bolas de colores,
colgando del techo de su habitación,
que sufre seísmos interestelares
si alguien cierra la puerta demasiado fuerte.

Cosmogonía efímera en la impostura
de la física, escatología del atrezzo
en la órbita sin resurrección ni calvario.

Recuerdo, de joven, que un amigo
había dispuesto unos cuerpos celestes de papel
fluorescente, pegados en las paredes
y en el cielo de su dormitorio.

Brillaban durante un rato al apagar la luz.

Allí bebíamos y observábamos
aquella luminiscencia mientras sonaban
viejas canciones.

Los discos rotaban como planetas
y como nuestras cabezas.

Hasta hoy.

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Esta entrada fue publicada el enero 15, 2016 por en intentario.
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