Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás. 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

LXXXI


 

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Entrar y sentarse en una silla,
a hablar con la gente, a beber,
a ver cómo otros hablan.

Eso significa, entre otras cosas,
olvidar todo lo que acontece
en el resto del mundo. Elegir ver
esa voz que apenas suena. Entresacar
la circunstancia aislada
de un momento
entre los millones de momentos
simultáneos.

Debe, todo eso, tener un nombre.
O, por lo menos, un motivo. O no.
Yo lo ignoro. Yo no sé cómo se hace.
Yo no tengo ni idea.

Sólo se me ocurren nimiedades.
Por ejemplo, justo en este momento
me parece ver a Hipócrates, sentado,
con gafas y pajarita, tomando vino,
diciendo con tono grandilocuente
que es nuestro deber irrenunciable
no ser unos mierdas.

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Esta entrada fue publicada el febrero 13, 2016 por en intentario.
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