Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

LXXXIII


 

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El óxido es un proceso sorprendente.
Consiste en un ejército de espías
silenciosos, tiñendo de orín y polvo
la piel de los metales. Oxígeno,
advierten, esa cosa imprescindible
en la combustión y en la vida, que devora
el lustre de picaportes con forma de mano
de las puertas de la calle, del filo
de las navajas, incluso de los dientes
y del blanco de los ojos. El óxido
es la venganza del agua, disfrazada
de noche, pulverizada en el aire,
contra la herramienta del hombre.
Para volverla del mismo color
que la tierra que pisa,  para hacerla pasar
inadvertida a la vista de las alimañas.
Un intento, el óxido, de desandar
todo el camino de la civilización,
de hacer crujir las espaldas
del fuego y de la fragua,
de los años y de la arruga del gesto.

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Esta entrada fue publicada el febrero 15, 2016 por en intentario.
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