Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".


 

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Prueba esto:

acércate a la playa más cercana.
Descálzate. Camina
los metros necesarios
para que el mar te llegue
a las rodillas. Más o menos.

Permanece ahora atento
a los reflejos de los añicos
del agua. Observa esa piel
translúcida y cambiante.

Cuando te sientas preparado,
sumerge tu mano más diestra
—tan rápido como puedas—,
cierra el puño, presto,
y atrapa sin piedad
aquella lágrima maldita que nunca
debiste haber vertido.

Con mimo de joyero
sostenla entre tus dedos,
mírala al trasluz,
calcula su salinidad y el rastro
de su viaje oceánico.

Finalmente, decide
si la engarzas en una suerte
de relicario, para conservarla
con el resto de tus cosas,
o, por el contrario, la liberas
con sus infinitas hermanas.

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pies

2 comentarios el “

  1. altea09
    junio 14, 2016

    Enorme lujo hoy….Gracias!

    Me gusta

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Esta entrada fue publicada el junio 14, 2016 por en Uncategorized.
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