Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".


 

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______________ IX

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Se niega la tarde a huir obediente
como si pudiera derrotar al eje y al pronóstico,
como si los montes y los tejados
se obcecaran en conservar su corona rubia.

Yo sigo empujando desde el otro lado,
soplo el candil, se me saltan los puntos
de la cordura al hincar los hombros
para darle la vuelta a la bóveda del día.

En la otra cara del mapa, presumo, debe haber otro,
arado de caminos solo visibles a los que no duermen,
que se muestran transitables a los ojos entornados.

Se niega la tarde y le digo que no tema,
que otros la esperan, que me ceda el crepúsculo.
Que su proceso se sostiene en desollar de su piel
al mundo, y volver a enfundársela del reves:
un pijama agujereado de heridas de bala, abrochado
al horizonte con una cremallera dorada.

Resigo con el dedo la huída de la tarde,
en el cristal aguado de mi ventana. Resignada,
medio convencida, escapa a regañadientes.
Hasta que la oscuridad me deslumbra
y me despierta.

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Esta entrada fue publicada el julio 11, 2016 por en Uncategorized.
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