Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

Carlomagno maldito…

Cuenta una antigua leyenda que el Emperador de Occidente, siendo ya anciano, se enamoró de una joven muchacha teutona. Tal era su fervor y su pasión, que a menudo olvidaba su dignidad real, desatendía sus imperiales asuntos, causando gran preocupación en la corte.

Desgraciadamente, cuentan, la bella doncella murió al poco tiempo, pero no murió con ella el amor que Carolus le profesaba, y pasando por encima de los aliviados suspiros de nobles y cortesanos, el emperador hizo llevar a sus aposentos el cadáver embalsamado de su amada, del cual se negaba a separarse. El famoso obispo Turpín (con la iglesia hemos topado), confesor de Carlomagno, sospecho alguna suerte de arte oscura, de encantamiento, y se aprestó a examinar el cuerpo inerte de la joven. Estaba en lo cierto: bajo la lengua de la muerta halló un anillo rematado con una piedra preciosa.

En efecto, tan pronto como el obispo tuvo en su poder la joya, el emperador mandó inhumar a su amada, y volcó su atención -no faltó quien dijera que también su amor- en la persona de Turpín, causando una embarazosa situación. El obispo reaccionó presto, arrojando el anillo maldito al lago Constanza.

Evidentemente, el emperador se enamoró del lago, si es que tal cosa es posible. Pero, cuenta la leyenda que ya nunca, en los años que le quedaban de vida, se alejó de su orilla.

Yo, hoy, por osado que parezca, vengo a contaros que el anillo existe. No. Nunca lo vi, pero debe ser cierta su existencia, y lo tiene ella. Sólo así es posible la imposibilidad de mi alejamiento, por más que empeñe toda mi voluntad en ello… Es más, me temo que la maldición permanecerá aunque se deshaga del anillo en cualquier rincón.

2 comentarios el “Carlomagno maldito…

  1. Miguel Ángel Martín
    noviembre 20, 2016

    Andaba buscando está hermosa leyenda de la que me habló un día, Châteaubriand en sus “Memorias de ultratumba.” Y a la que has sabido dar un final exquisito. Me parece que existe más de un anillo con esa cualidad. Gracias por el buen rato

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el noviembre 4, 2011 por en espectros (yo creo que...), Uncategorized, vivir de un cuento (relato).
Follow Tus ojos, mis manos, y otros desiertos. on WordPress.com

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 378 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: