—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".
Hoy pensé que setecientos treinta y uno era número primo.
Y resultó divisible entre diecisiete, entre cuarenta y tres.
Para ser primo, es condición ser sólo divisible
por él mismo.
Y por uno.
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Pero hoy es primo en la escala más humana de lo humano.
En la escala del tiempo, setecientos treinta y uno, es primo.
No por lo familiar, sinó por lo primo:
en el mejor sentido.
En el mejor posible.
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En esa escala, mi número se descompone
-como todo lo orgánico, por combustión-
en dos grandes bloques de
trescientos sesenta y cinco.
Más uno.
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Y después de ese espacio primo -sin relojes ni venenos-,
tras ese tiempo vacilante y primo, queda al fin,
uno solo, sólo uno. Divisible sólo por sí mismo.
Y por uno. Primo