Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

setecientos treinta y uno

Hoy pensé que setecientos treinta y uno era número primo.

Y resultó divisible entre diecisiete, entre cuarenta y tres.

Para ser primo, es condición  ser sólo divisible

por él mismo.

Y por uno.

_

Pero hoy es primo en la escala más humana de lo humano.

En la escala del tiempo, setecientos treinta y uno, es primo.

No por lo familiar, sinó por lo primo:

en el mejor sentido.

En el mejor posible.

_

En esa escala, mi número se descompone

-como todo lo orgánico, por combustión-

en dos grandes bloques de

trescientos sesenta y cinco.

Más uno.

_

Y después de ese espacio primo -sin relojes ni venenos-,

tras ese tiempo vacilante y primo, queda al fin,

uno solo, sólo uno. Divisible sólo por sí mismo.

Y por uno. Primo

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Esta entrada fue publicada el febrero 17, 2012 por en La maniobra de Heimlich (poesía), Uncategorized.
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