Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

Las tres y once

Son las tres y once

de la madrugada.

Regreso a casa.

.

En un semáforo,

una mujer que no eres tú

se baja de un coche que yo no conduzco.

Da un portazo, le grita al chófer,

y camina por la acera

con los brazos cruzados sobre el pecho.

.

Tal vez llora,

pero las luces de los coches,

de las farolas,

de los escaparates,

no me dejan ver su cara.

.

Arranco, conduzco a su lado,

a su ritmo, no preguntéis por qué.

Bajo la ventanilla, pero antes de decir

nada

ella se da cuenta y me muestra,

extendido, su dedo corazón.

Tal vez dice algo,

pero no alcanzo a oírla.

.

Acelero

y por el retrovisor veo

como el tipo del coche

vuelve a recogerla.

.

Ella levanta la cabeza antes de subir.

.

Tal vez llora,

mientras las luces de la calle,

de los cristales,

de los intermitentes,

no me dejan encontrar mi puerta.

.

mujer

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Esta entrada fue publicada el septiembre 29, 2013 por en La maniobra de Heimlich (poesía).
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