Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

Monomanía de los bordes. Óscar Solana (no contiene spoiler).

monomaniaMonomanía de los bordes.
Óscar Solana.
Playa de Ákaba, 2014
http://www.todoebook.com/MONOMANIA-DE-LOS-BORDES-OSCAR-SOLANA-PLAYA-DE-AKABA-LibroEbook-ES-SPB0258332.html

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Ustedes me disculparán, esto no es una reseña, ni soy crítico ni aspiro, pero no puedo evitar escribir esto. El caso es que, si el bueno de Nietszche decía que «madurar es reencontrar la seriedad con la que juega un niño», podríamos decir que Óscar Solana se propone, con toda la seriedad del mundo, jugar. Y no encuentro propósito más serio, honroso y moderno que el de jugar, divertir, y divertirse. Y si ese propósito se lleva a cabo a través de un proceso de desacralización del texto literario, de normalización de la lectura, mejor que mejor, desterrando al rincón de pensar a toda postmodernidad posible, a cualquier solipsismo redundante, o a cualquier corriente de galería hipsteriana o hipstérica.

Advierten en alguna promoción que Monomanía de los bordes pretende devolver la literatura al orden de lo artesanal y, si cabe, encuentro ese objetivo incluso más loable que el anterior, porqué ese es el orden de donde la literatura —según mi parecer— nunca debería haber salido. Como imaginarán eso no quiere decir que los textos de Solana sean simples, planos o previsibles. Al contrario, la desmitificación, la desacralización, la voluntad de pasarlo bien y hacerlo pasar bien se concretan en un estilo culto y plagado de referencias, incluso de autorreferencias que te hacen levantar una ceja, cuando menos, explotar en una carcajada, las más de las veces, intentar un seppuku con un grueso volumen de Borges, siguiendo precisas instrucciones o, como en mi caso, sufrir una hemorragia nasal tan descontrolada como oportuna. Así, entre las páginas de Monomanía de los bordes se asoman, a mi entender, Arnaud, Queneau y Perec, con los andamios de su Oulipo; el ya mencionado Borges, prestando onomásticas y georreferencias; Cortázar y Casares, acodados en la barra de un bar; tal vez Calders y Poe, normalizando lo increíble; o Vian y Monzó, brindando con exabruptos por el síndrome de Tourette. Pero por encima de todos se alza la voz narrativa de Óscar Solana convertido en ese lupus con piel de agni, o agnus con piel de lupi, que envuelve el lector en un acertado tono culto y neutro, como quien lee las instrucciones de un electrodoméstico, a veces, como la declaración de un testigo de algún juicio de alguna pelicula de John Ford, otras, hasta conseguir un nudo marinero perfecto entre el texto y los ojos, las manos —necesarias en algún caso para, por ejemplo, dar la vuelta a la pantalla para seguir leyendo— y la gravedad newtoniana, imprescindible para no despegar los pies del suelo durante la lectura.solana

Originalmente pensado para el papel, no por el formato digital (ya saben, esa falta de corporeídad, esa digitalización de la cosa) deja de funcionar este arte-facto, porqué Monomanía de los bordes no es tan solo una colección de relatos más o menos originales. Es una suspensión temporal del pacto ficcional, o más bien, es exáctamente la rúbrica de ese pacto entre lector y autor, con un millón de claúsulas adicionales en letra pequeña. Es creer en espejos que no reflejan, es tener fe en llegar a Ítaca recorriendo una cinta de Moebius, es acariciar el lomo del gato de Schrödinger desde cualquiera de sus estados posibles, es echarse unas cañas con un Príapo impotente o un Orfeo afónico, o competir por el amor de Muriel contra un amante literario. O más. O mucho más que todo eso.

Agárrense fuerte al teclado, al ratón, o al dispositivo que elijan para leer Monomanía de los bordes, y déjense llevar. Óscar Solana hará que se sientan como cuando, de niños, hacían dibujos en las esquinas de los libros o cuadernos para conseguir una primitva animación al hacer avanzar las páginas doblando la esquina con el pulgar… Eso, o que vuelvan a caminar por los bordes, como todos hemos hecho.

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Esta entrada fue publicada el febrero 24, 2014 por en libros.
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