Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

#8 (espantapájaros)

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El andén es un campo de trigo en primavera.
Me he plantado, en el centro, a decirles a las aves
que moran en el subterráneo,
que no se posen más en mis palabras.

Que no hay sitio para sus brillos,
sus trinos, sus certezas o sus garras,
en mis tierras yermas, en mis versos.
Que huyan en desbandada, que no causen
otra cosa que eclipses duraderos.
Que el cielo se pueble de sombras
aladas, que sean la noche del día que nace,
piezas del puzle en la piel de la caverna.

No importa si en su huida arrasan
con lo poco que queda en la tierra
¿a qué labrar, sembrar,  segar?
¿a qué sostenerse estos huesos de palo,
esta ropa de jirones de recuerdo?

Soy yo el espantajo, quien con su miedo,
ahuyenta el miedo del jilguero que mora en tu pecho.

Soy yo quien destierra a los gorriones
de la dilatada pupila del ojo del verso.

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espanta3

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Esta entrada fue publicada el mayo 24, 2014 por en Como quien de eterno caer padece.
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