—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".
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Era fácil de imaginar:
es una noche de esas
en las que el aire
parece nacer de nubes de talco,
de polvo de mármol,
y se abre paso en los pulmones
denso y narcótico.
De casi una luna llena.
Y eso aún está bien:
si fuera completa, redonda
y grande,
sería casi insoportable.
Una noche de ver
los minutos y las horas
pintados en el techo
avanzando, rojos, avanzando,
demasiado despacio.
Una de esas noches
en las que ni siquiera
una guitarra obra
como tablón de náufrago,
deshaciéndose en ceniza
al primer abrazo.
No es el calor, ni los ladridos,
ni los coches que pasan,
ni las sirenas lejanas que aullan,
ni tan solo el confuso horizonte.
Y espero sentado, en esta noche
—ya sabes de esa rara
habilidad mía
de sentarme lejos
del alcance de cualquier mirada,
incluso la de la noche—,
a que me sorprenda el día
y que las luces revelen
que esa sombra a mi lado,
no era nadie.
No eras tú.
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