Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

Estocolmo

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Se nos ha arrugado, de repente, la noche,
crepitando como un papel de seda.
Se ha enlustrado, de pronto, el asfalto,
con cuatro gotas invisibles y confiadas,
que logran que se multiplique
el reflejo de las luces y los pasos.
El eco, contra pronóstico, se amortigua
en el aire espeso, en la densidad viscosa
del último estertor del domingo.
Un hombre pasea a esa hora subordinada
por las esquinas de las azoteas,
esquivando la sombra de sus zapatos,
buscando en los charcos más profundos
el rastro del síndrome de Estocolmo
de un latido, de una risa, de una caricia.
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Esta entrada fue publicada el diciembre 14, 2014 por en Tus pies descendiendo de los pedestales (poesía).
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