Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás. 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

cosas sencillas

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Una escalera que sea  hiedra
que asciende sin descanso,
sin esfuerzo ni descansillo.
El paso y el peso de callar,
o de habérselo dicho todo
al pasamanos y a la barandilla.
La sucesión de escalones
de borde gastado de otros pasos
que aproxima los pies
a la azotea de la ciudad.
El íntimo contacto del zapato
con la superfície del peldaño
en el claroscuro de la intención
de no encender la luz,
más que la luz del ruido
de algo que se cae, de algo
que se toca, de alguien
que se encuentra.
Una escalera que sea miniatura
de otra escalera que salva
la última grada, que separa
el territorio del mármol
de la nube bajo el techo,
de la cabeza cerca
del travesaño bisectriz
entre la piel de la noche
y el iris del amanecer
en la ventana diminuta.

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escalera

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Esta entrada fue publicada el abril 21, 2015 por en Lecciones de anatomía para suicidas inexpertos.
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