Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

bonjour

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Tenías razón:

la saliva tiene memoria,
tiene la cualidad del ácido
que deja, imperecederas,
letras escritas en la epidermis.

Estabas en lo cierto:

las manos aprenden
del gesto repetido,
como el artesano,
y se acostumbran
al negativo del cuerpo que extrañan.

Era verdad:

algunos aromas dibujan
un intrincado mapa
de matices que viran
del almizcle a la yerbabuena,
del agua oxigenada al sudor
efímero.

No te equivocabas:

los ecos de esos sonidos
esculpen en la consciencia
el volumen concreto de la lejanía
del gemido. Un sónar
perfecto y maldito.

¿Era cierto

ese desenfoque del temblor
de tu cuerpo
ante mis ojos,
recogiendo el zumo
de la luz de la tarde?

_

bonjour2

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Esta entrada fue publicada el mayo 18, 2015 por en Lecciones de anatomía para suicidas inexpertos.
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