Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

discurso en caída desde la azotea

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___________________________»Reservaré la redacción de mi epitafio para cuando se haya extinguido la posibilidad. Para cuando una pareja de policías detenga a lo que quede de la palabra, por haberse acuartelado en una librería, tomando como rehén a la esperanza, apuntándole a la sién con un revólver cargado con balas de granizo. »Contra el frío quedará también el calor que desprendan las palmas de mis manos al frotarlas, frenéticas, para cuando resulte del todo imprescindible fundir una nieve menos fría que la tuya: convertir la ventisca en lluvia de primavera es de las pocas cosas que mis manos pueden —después, exhaustas, esperarán el agua de ese deshielo que casi nunca dio para charco—. »Reservaré el aliento para la sonrisa postrera que forzaré en el impacto, para coserme al suelo, con puntadas sin hielo.

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Esta entrada fue publicada el mayo 27, 2015 por en Lecciones de anatomía para suicidas inexpertos.
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