Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

azogue

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Buenos días, espejo.
Tienes una rueda pinchada.
Te va a resultar difícil
llegar a tu destino en el horario previsto.
Aún y así, no te apresures: sabes de tu fragilidad,
de tu densidad construida por la acumulación
de reflejos.
Cualquier bache supondría una grieta irreparable,
en el mejor de los casos.
Las carreteras están atestadas
a esta hora de la mañana, y si acontece
el desastre, ten por seguro
que todos los que se abrían paso a codazos
para buscar su centelleo en tu piel,
pasarán sin prestar atención
ante la constelación de cristales
en la que te habrás convertido.
Solo algunos seremos capaces, ya sabes,
de caminar descalzos sobre la alfombra de esquirlas:
somos los mismos que  siempre supimos mirar
en el reverso más oscuro de tu azogue.

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frenazo

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Esta entrada fue publicada el junio 10, 2015 por en Lecciones de anatomía para suicidas inexpertos.
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