Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

avería eléctrica

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La otra noche hubo un incendio
y el cielo se tiñó de naranja y de centellas.
El humo apenas se apreciaba:
solo en la nariz y en el ánimo.

Una casa en llamas es un espectáculo curioso,
con las ventanas vomitando fuego como ojos
cansados de mirar.
Con los testigos alimentando, desde abajo,
la combustión, sacudiéndose las pavesas
de los hombros.

Luego el fuego se extinguía
—no se apagó, se extinguía—
cuando nada restaba por devorar.
Fue antes de que llegasen las sirenas
y se evaluasen los daños.
Quedaron los restos de los lengüetazos,
negros, en el alféizar y en el balcón.

En el edificio de enfrente,
un tipo asistía a la breve historia
de la lumbre y el hollín,
en mangas de camisa. Pensaba
que el fuego es
el más cruel de los autodidactas.
El más sabio aparato digestivo.

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Apartments-fire

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Esta entrada fue publicada el junio 15, 2015 por en Lecciones de anatomía para suicidas inexpertos.
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