Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás. 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".


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POR ESA aurora huían
los últimos andrajos de la noche,
se derramaba el jugo primero del día
y yo lo veía inundar los cartones
y los colchones y los fardos
de la multitud dormida en los parques
y en las avenidas.

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Había, tal vez, en la ciudad
una epidemia
de guitarras con el cuello roto.

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Por esa ventana se vertían mis ojos
mientras todas las pantallas
y todos los altavoces
vomitaban malas noticias, y el mundo
temblaba y ardía en apocalipsis de fogueo.

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Y la paz era tu vientre
tiritando bajo mis manos.

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Esta entrada fue publicada el noviembre 8, 2016 por en Uncategorized.
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