Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

primero


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Yo estaba muerto de sed
y tu andabas pisando todos los charcos.
No había bastante noche, esa noche,
ni ninguna otra noche
con trenes de por medio.

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El deseo era una galaxia de manchas
pintada en la sábana del futuro,
mientras el fin del mundo se explicaba
en las luces amarillas
que huían en la ventanilla del vagón.

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El hambre de los cuerpos, la paz
impostada de las avenidas abarrotadas,
la desolación de los centros comerciales
abandonados. Y por fin, la ira
de las estaciones en ruinas,
en las que sólo un cristal se sostiene en pie,
con una mano a cada lado.

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Luego, la piel del charco se calmaba,
se hacía espejo, y yo leía en él
todas tus constelaciones.

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McEnaney-puddle-sunset.jpg

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Esta entrada fue publicada el enero 4, 2017 por en Uncategorized.
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