Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

Control de equipajes.

Fui a esa ciudad para desenamorame de ella. Pero me salió mal.

Eso fue lo que pensaba mientras avanzaba por el pasillo más triste del mundo -aquel que sólo puede ser el de un aeropuerto o, acaso, el de un hospital-, unos segundos después de dejarla, a ella, en el umbral del chequeo del boarding pass.  Volví la cabeza un segundo. Le dije algo que no sé si llegó a entender, y  luego intenté recorrer con cierta dignidad los metros que me separaban del control de equipajes, intentando (sólo intentando)  controlar las lágrimas, cómo el equipaje. Deposité después, en una bandeja de plástico, todo aquello susceptible de zumbar en el arco del detector de metales: el reloj, unas monedas, las llaves, el cinturón… Pensé que tal vez podían ser detectados los puñales clavados en el alma, los alfileres injertados en su ausencia -aún estando ella, probablemente, a escasos metros, a escasos segundos-, pero descarté la idea por peregrina. Al colocar la bandeja sobre la cinta, junto con mi equipaje de mano, y enfrentarme con aquel dispositivo que debía sondear en mi interior, especulé con la posibilidad de recogerlo todo, deshacer mis pasos y darle alcance antes que desapareciese por la puerta de la terminal. Comprobé entonces que si aquel engendro electónico hubiese sido diseñado para detectar el miedo, en lugar de los metales, hubiese emitido su plañidero zumbido sin piedad y con el mayor de los aciertos al detectar mi presencia. Caminé bajo el arco. No sonó. Tal vez los agentes de seguridad  se sorprendieron al ver a un hombre llorando mientras recogía sus pertenencias. O tal vez era algo a lo que ya se habían acostumbrado.

Eran algo menos de las ocho de un domingo de Enero. Yo cogía un avión que me arrastraba mil quilómetros lejos de ella. Así debía ser. Algo así como el destino me castigó con un severo dolor de oídos…

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Esta entrada fue publicada el enero 31, 2011 por en espectros (yo creo que...).
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