Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—«Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás». 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

varado





Lo que se me da mejor es esperar.
Esperar, por ejemplo, apoyando mi espalda
en la puerta de un bar cualquiera,
aparentando sostener sobre mis hombros
mi carga y la carga del mundo.
Esperar, volteando la mirada
a un lado y al otro de esa calle recién llovida
pretendiendo que mi carga rueda cuesta abajo
y otra carga similar se encarama a mi garganta,
mientras hago lo que sé hacer mejor: esperar.
Presumo, a desgana, de estar hecho
para soportar cargas, y para esperar
como quien no espera nada de pasos ni caminos.
Aunque no creo haber llegado nunca
al límite de la espera. Ni de la carga,
arrastrando esa certeza de no ser tan liviano
como para no dejar huella en el suelo más duro.
Lo que se me da peor es hacer algo
para aligerar la carga, para que termine
la espera. No sé, romper cosas, incendiar
tu carne mientras la tarde se tuerce,
dejar abiertos los ojos y las ventanas,
volver a ser capaz de levantar las mareas
con las palmas de mis manos…
Sólo a veces se me da regular
—un lápiz, una guitarra, tu cintura—
aliviar un poco todo eso.
No desespero: soy un buque viejo y varado
meciéndome mientras espero la carga.
O la marea.


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Esta entrada fue publicada el octubre 11, 2022 por en Uncategorized.
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