Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás. 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".


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COMPRUEBA lo que traigo entre manos
y tal vez se pregunte
por la hondura de los cimientos.
Por ese edificio
del que la naturaleza reclama
para sí el suelo y las ventanas
—el techo, en cambio, le pide a la niebla
asilo político—, y cubre las estancias
de musgo y enredaderas.

Comprueba lo que cabe entre mis manos
y tal vez busque las rutas
de las bandadas de pájaros
que sobrevuelan la cicatriz en silencio.
Tal vez sepa explicarse la escarcha
y el hielo en la boca de la guitarra.

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—Mira mis manos— le dije un día—,
son lo único que tengo.
Ella las tomó entre las suyas
y enterró su cara en ese hueco.
Aún está, ahí, su rostro.
De fondo, creo, alguien cantaba.

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Esta entrada fue publicada el octubre 26, 2016 por en Uncategorized.
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