Tus ojos, mis manos, y otros desiertos.

—Hace más de trescientos poemas que no escribo la palabra horizonte. Por algo serás. 'Será', en "Pintura roja y papel de fumar".

entornar


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Salgo a la terraza. Más de las once
de la noche.

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Un viento casi salvaje, que mueve las sillas
de metal y la vieja tumbona azul.

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Enseguida ese gesto, ese acto reflejo
de entornar los ojos. Protegerlos. Algo así.
Pero también ver borrosos los árboles
en su danza espasmódica, en su tiritar.

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Ver difusas las formas, las luces, abolir
las aristas y las esquinas. Buscar, si alcanza,
la luna temblando, por si acaso anda
reverberando en tu ventana. Por si te da por mirar.

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Abrir los ojos, aunque los hiera el viento,
aunque regrese la maldita nitidez, el enfoque
perfecto del vendaval y la noche. Buscar el borde
de esa esquina blanca, y ver si duermes.

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Esta entrada fue publicada el enero 19, 2017 por en Uncategorized.
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